Feminicidios: ¿Culpa de quién?

Columna «Política al Desnudo»

Por: Nonantzin Medina

Feminicidios: ¿quién es el culpable?

Hablar de feminicidios, es un flagelo profundo que está enraizando, que hiere, es sinónimo de muerte por circunstancias definidas y por diversas cuestiones, principalmente por la condición de ser mujer.

En los últimos tiempos este delito ha sacudido a toda la sociedad mexicana o al menos a una gran mayoría, pero debemos parar y hacernos una pregunta básica ¿qué tanta culpa tiene el gobierno de éstos? no sòlo lamentables, sino desgarradoras acciones sociales?

Es cierto, el gobierno tiene la obligación constitucional de otorgar garantías de seguridad a todos los ciudadanos y definitivamente no está haciendo la tarea correcta; la violencia en todas sus expresiones crece de manera exponencial, aunque gobiernos de los tres niveles señalen que la estrategia en seguridad va avanzando; pero también es cierto que como sociedad tenemos mucha culpa de lo que actual y principalmente sucede en nuestro país.

Hemos tomado una actitud còmoda: “oídos sordos” y “ojos que no ven”, la educación que damos a nuestros hijos dentro del hogar como padres de familia ha fallado, creemos que porque trabajamos y llevamos el sustento a casa es suficiente, que llegamos tan cansados que es suficiente y válido para ser excusados y justificar no querer charlar y detenernos a ver cómo están nuestros hijos, còmo viven su individualidad dentro de el ambiente que hemos construido para ellos como familia, preferimos darles un celular a temprana edad, que pasen la mayor parte del tiempo en casa de vecinos, abuelos, parientes o simplemente en la calle para que “no molesten” y estén tranquilos; un celular que les de acceso a toda la información que deseen, sin tener aún criterio adecuado, sin límite alguno y en la mayoría de las ocasiones, dejándose llevar por información inadecuada.

Permitimos que en nuestra casa se oigan corridos donde se hace alarde de actividades ilícitas a las que se pondera al delincuente; que llegue a oídos de nuestros hijos canciones en donde se denigra a la mujer, donde se escucha como la mujer puede ser tomada como un “objeto sexual” de “úsese y tírese”; en donde se les enseña a las niñas que “sino enseña no vende”.

Pero, eso si, estamos tan cansados, que no conocemos ni siquiera a los amigos con los que se juntan nuestros hijos, no sabemos qué piensan sobre temas tan importantes que suceden en el país y en el mundo, en cómo van en la escuela, en cómo se sienten, que les gusta y que les desagrada, no sé, tantas cosas que podemos platicar con ellos.

¡Ahh! Pero eso si, estamos muy al pendiente de nuestras redes sociales, en no perder el “chisme” de qué le paso a la vecina, al compadre, en reírnos a carcajadas de los memes políticos o no, en desgarrarnos las vestiduras por algo que hizo mal nuestro gobernante en turno; en apoyarlos, en mentarles la madre, en sacarnos foto de lo que comemos, del lugar qué visitamos, de nuestro amor, desamor y problemas familiares, pero ¿realmente como ciudadanos de un gran país, ¿qué hacemos para mejorarlo?

Dejemos de educar hijos que sientan que todo merecen, dejemos atrás el decirles a nuestros hijos que los “hombres no lloran porque son machos”, “ni que la mujer está para servir al hombre”, si queremos igualdad, eduquémoslos así, en igualdad, nadie está por encima de nadie ni de nada, no son más los hombres, ni tampoco las mujeres, que, si hay diferencias, pero nunca diferencias de condición.

Los verdaderos valores se han perdido, hemos perdido la capacidad de ver por nuestros semejantes, no conocemos a nuestros vecinos, nos hemos vuelto “esclavos” de la tecnología, dejamos de ser caritativos, por todo queremos encontrar culpables externos, acusamos al neoliberalismo, al socialismo, a la izquierda, a la derecha, a los del centro, sin darnos cuenta que la respuesta está en nuestro interior, en nuestra propia casa, ahí es donde debemos empezar.

Dejemos de echar culpas a diestra y siniestra, dejemos de ser artífices de más violencia, con vandalismo, tampoco se resuelve nada, si, mostrar nuestro enojo, nuestro coraje, nuestra tristeza, pero con acciones encaminadas a mejorar nuestro alrededor: “no intentes cambiar al mundo, haz un mundo mejor” aunque sea con tus semejantes.

Deja a un lado un rato el celular, invierte tu tiempo para convivir con tu familia, tengamos un momento de reunión familiar todos los días en una sobremesa, sin tecnología, sin televisión, vuelvan a los tiempos en donde nos demostrábamos amor a través de miradas, de besos, no de emoticones en un mensaje. Volvamos a ser humanos sensibles, amorosos, volvamos a ser personas pensantes, preocupadas por todo lo que nos rodea, dejemos a los niños y niñas ser eso, niños, no queramos que crezcan de la noche a la mañana sin haber disfrutado su infancia, esa inocencia que ahora todos anhelamos.

El cambio está en ti y en mí, “el buen juez por su casa empieza” no sòlo en nuestros gobernantes. Seamos muy críticos, pero en todos los sentidos. Seamos solidarios con las personas, no dejemos que se acabe nuestra capacidad de asombro.

Si en verdad queremos un cambio, el cambio empieza en nosotros, y solo así, creo yo, las “Fátimas”, “Ingrids”… las “muertas de Juárez”, y cuanto hombre y mujer ha sido víctima de un abuso físico, mental, emocional, que a veces concluye con su muerte, tengan la justicia que se merecen.

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