Evitar tabaco y alcohol reduce riesgo de hipertensión arterial

Consumo alto de sal, estrés y malos hábitos de alimentación contribuyen al padecimiento, señala la Secretaría de Salud

Abandonar el consumo de tabaco y la exposición a este mismo, evitar el uso nocivo del alcohol y reducir la ingesta de sal pueden minimizar las probabilidades de padecer hipertensión arterial entre la población y, por tanto, evitar complicaciones en su salud que pueden llevar a la muerte, señaló la Secretaría de Salud y Bienestar Social del Gobierno del Estado.

Asimismo, la población puede prevenir la hipertensión reduciendo la ingesta de sal a menos de 5 gramos al día (menos de una cucharilla de café al día) y la ingesta total de grasas, en especial las saturadas, así como comer cinco porciones de fruta y verdura al día y limitar el consumo de alcohol a no más de una bebida estándar al día.

Además, se recomienda realizar actividad física al menos 30 minutos al día y mantener un peso normal, ya que cada pérdida de cinco kilos de exceso de peso puede reducir la tensión arterial sistólica entre 2 y 10 puntos.

En el marco del Día Mundial de la Hipertensión Arterial, el Departamento de Enfermedades Crónicas y Envejecimiento de la dependencia sintetizó que los comportamientos que pueden contribuir a la hipertensión son el tabaquismo, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y de sodio, así como la carga genética, el estrés psicosocial, los hábitos de alimentación inadecuados y la falta de actividad física.

Por ello, recomienda evitar los productos enlatados y procesados, alimentos ahumados, galletas o panes salados, pollo con piel, pescado frito, salchichas, jamón y salami, entre otros.

La prevalencia actual de hipertensión arterial en México es del 31.5%, y es más alta en adultos con obesidad (42.3%), de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, misma que indica también que la prevalencia de hipertensión en personas que vive con diabetes es de 65.6% que en otras que viven sin esta enfermedad.

Finalmente, la dependencia estatal puntualiza que cuanto más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de daño al corazón y a los vasos sanguíneos de órganos principales, como el cerebro y los riñones. Si no se controla, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón y, a la larga, una insuficiencia cardiaca.

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